Categorías
entrevista Entrevistas landing

Javier Valenzuela: «Juan Carlos I es un extraordinario personaje para la literatura negra»

David Gallardo, infoLibre, 6 de abril de 2022 

Javier Valenzuela (Granada, 1954) cierra su trilogía Tánger noir con La muerte tendrá que esperar (Huso, 2022). Una nueva novela realista en la que se mezclan personajes tan diversos como Juan Carlos I y Corinna Larsen, un comisario español de las cloacas del Estado, un profesor del Instituto Cervantes o una mujer fatal que trabaja como relaciones públicas del Mundial de Fútbol de Qatar. Conjuras, sexo, fútbol, bulos, criptomonedas y una muy dudosa defensa patriótica de España entremezclan realidad y ficción en una ciudad profusamente descrita por el periodista y escritor en esta historia coral en la que las mujeres, marroquíes y españolas, reivindican a su vez la libertad de decidir sobre sus vidas.

Hola, Javier. ¿De dónde surge esta nueva novela que pone fin a la trilogía sobre Tánger?

Empecé con la primera novela, Tangerina (2015). Como siempre con tu primera novela, encuentras que es defectuosa y tú sabes los fallos antes de que te los digan, así que hice una segunda, Limones negros (2017). Y de repente descubrí que estaba haciendo una trilogía, que llamo Tanger noir, cuya tercera y última entrega es La muerte tendrá que esperar.

Una entrega que bebe de los principales referentes de la novela negra. 

Yo he sido periodista durante más de cuarenta años, pero siempre quise también ser autor de novelas negras porque es un género que me apasiona desde mi adolescencia, bastante antes de que estuviera tan de moda. Yo hablaba en aquellos tiempos de ChandlerHammet, Manuel Vázquez Montalbán o Juan Madrid y la gente del mundo de la cultura no sabía de lo que estaba hablando, porque lo tenían como una especie de subliteratura. A mí siempre me ha encantado su temática como reflejo de la realidad y me ha encantado la gran escritura de gente como Chandler o Hammet. Es el gran género de novela realista del mundo capitalista en el que vivimos. La novela negra, además, cuenta el heroísmo de un individuo normalmente particular: un detective privado, un profesor, una abogada, una maestra, una periodista… no habla de los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, como se hace ahora. 

La trama se desarrolla en el Tánger actual, que intenta escapar del coronavirus y abraza una nueva modernidad. Una ciudad muy evocadora.

La novela negra cuenta la historia de un individuo y en una ciudad concreta. Hammet era San Francisco, Chandler era Los Ángeles, Jean-Claude Izzo era Marsella, Vázquez Montalbán en Barcelona… y yo quería que fuera Tánger. Porque es una ciudad muy literaria, recordemos a Paul Bowles, Ángel Vázquez o Juan Goytisolo. Es una ciudad con pasado y presente relacionado con la crónica negra, ciudad de espionaje, tráfico de drogas… y además es una ciudad muy española que me permite poner a personajes tanto españoles como marroquíes hablando castellano con toda naturalidad, porque es una ciudad andaluza.

Todo ello mezclando realidad y ficción de manera muy natural. Hablamos de comisarios disolutos, reyes eméritos disipados y Corinnas venales, pero también de gente corriente como un profesor del Instituto Cervantes de Tánger u otros tantos personajes de diverso pelaje.

Yo soy periodista y ahora aprendiz de novelista. El periodismo es la verdad contrastable y verificada, y la novela realista es lo verosímil. En ese sentido, me gusta mucho algo que hacen los americanos desde hace mucho tiempo, que hace por ejemplo James Ellroy, el de L.A. Confidential, que es poner personajes históricos reales en la trama de la novela. Es algo que empecé a hacer en Tangerina, también en Limones negros y ahora en La muerte tendrá que esperar.

Con gente total y absolutamente reconocible, de hecho.

Sí. Empezando por un comisario que he tomado prestado a Juan Madrid, de su novela Gloria bendita, que se llama comisario Romero, en el que algunos podrán ver reflejado un célebre comisario de las cloacas del Estado español. Y está también la historia de Juan Carlos I y Corinna. 

Vaya personajazos para una novela negra. Y no hace falta inventarlos.

Yo creo que Juan Carlos I es un extraordinario personaje para la literatura negra. Un personaje que es un golfo y un presunto corrupto en la cúspide del Estado español durante décadas. El caso de Juan Carlos I demuestra que la corrupción, que es casi sistémica en España, empezó por la cabeza. El pescado empezó a pudrirse por la cabeza, por el Palacio Real. Me parece que es un personaje tremendamente literario que, si fuera francés, inglés o norteamericano, la literatura, las series y las películas le sacarían un extraordinario partido. Pero aquí, como sabemos que hay este respeto todavía reverencial hacia la institución monárquica, no se ha hecho. Pero bueno, yo oso hacerlo.

La España contemporánea en particular y el mundo contemporáneo en general solo lo están contando los medios digitales independientes y la novela negra

La corrupción puede ser un caladero alucinante de historias para multitud de novelas negras de todo tipo.

Alucinante. Y, de los grandes, solo lo ha hecho Chirbes. Estoy muy enfadado con la literatura española contemporánea porque me parece absolutamente bizcochona y almibarada. Nos cuenta unas historias que nada tienen que ver con la realidad de nuestro país en el tiempo presente. Y creo que la corrupción debería ser el gran tema de la novela negra y la novela social contemporánea. Y solo lo hizo el gran Rafael Chirbes. Bueno, y algunos más como Juan Madrid y servidor, pero todos los demás no sé de qué escriben… de platillos volantes. Pero la novela realista, la de la tradición de Balzac, Víctor Hugo, Zola, Dostoyevski, Benito Pérez Galdós y Almudena Grandes tiene que contar su tiempo y lugar. A partir de ahí, se convierte en eterno literario lo que es propio de un tiempo y un lugar. Y aquí en España no lo hace nadie. Y la corrupción tiene historias que ni la imaginación más fértil podría concebir. ¿A quién se le ocurre que el Rey de España haya hecho una inmensa fortuna presuntamente con el tráfico de armas y como comisionista en la intermediación de negocios? ¿A quién se le puede ocurrir que le haya hecho una transferencia de cien millones de dólares de una mordida saudí a su amante? No se sabe si como pago de los servicios prestados o en calidad de depositaria. 

O que tuviera que bajarse la líbido con hormonas femeninas, como comenta divertido en la novela el comisario Romero…

Exacto, o que su sexualidad voraz y enfermiza se haya convertido en un problema de Estado y haya que bajarle la líbido con tratamiento médico. Tú escribes eso y te dicen que estás chalado. Pues no, mire usted, estas historias que cuento en La muerte tendrá que esperar están en las hemerotecas, se han dicho en el Congreso de los Diputados, las ha investigado la Fiscalía. No me he inventado nada. Es un material maravilloso.

Mezclando así realidad y ficción, hay muchos asuntos que todos en general podemos comprender mucho mejor. Y no sé si así nos ayuda la novela realista a conocernos más como país o a encontrarnos algún tipo de solución, si acaso la tenemos.

Totalmente. La España contemporánea en particular y el mundo contemporáneo en general solo lo están contando los medios digitales independientes y la novela negra. Porque los grandes medios tradicionales, impresos y audiovisuales, han renunciado a contarnos la realidad de España y del mundo, son meros altavoces propagandísticos de los poderes políticos, económicos y financieros. Si usted quiere saber la realidad, o sigue los jóvenes medios independientes o lee novela. La novela negra tiene tanto éxito ahora en todo el mundo porque la gente ve que le cuenta mucho mejor la realidad que los telediarios de las cadenas de televisión. El machismo y la violencia en Suecia la cuentan mejor las novelas, la corrupción en España la cuentan algunas novelas, y la lucha entre los cárteles y los servicios secretos en la frontera de México con Estados Unidos la cuentan mejor las novelas negras. 

Vivimos en un tiempo en el que se nos ha dicho que la verdad vale tanto como la mentira, la injuria, la calumnia o el bulo

Habla también de los bulos y las noticias falsas. Está por un lado Hoy Diario, que lanza un bulo contra los perroflautas, y luego un periódico llamado Reacciona que lo desmonta. Y gana la verdad, que es algo que no me parece que esté ocurriendo en realidad en el mundo

No es lo que está ocurriendo, no. Toda novela tiene un conflicto, y en esta es entre verdad y mentira. Vivimos en un tiempo en el que se nos ha dicho que la verdad vale tanto como la mentira, la injuria, la calumnia o el bulo. Que todo vale. En la novela lo ejemplifico con la fabricación de ese bulo por parte del comisario de las cloacas del Estado para que lo publique un medio digital infecto y sea reproducido por las cadenas de televisión y los medios tradicionales impresos para hacer daño. Calumnia que algo queda. 

¿Y cómo se contesta a ese tipo de bulos?

Mis personajes y yo creemos que con la verdad. Contando la verdad y poniendo el acento en que la verdad es la verdad y la mentira es la mentira y no valen lo mismo. Mis personajes replican con una noticia auténtica y contrastada publicada en un medio digital independiente honrado. No tiene el mismo efecto porque el bulo, la calumnia y la mentira en nuestros tiempos es repicada por los medios de comunicación tradicionales, impresos y audiovisuales, mientras que las verdades contrastables no son repicadas por esos mismos grandes medios porque se deben a sus amos. Señoras y señores, los grandes medios impresos y audiovisuales necesitan de inmensos capitales que los pone gente con mucho dinero y que tiene su ideología y sus intereses. Por eso, en nuestros días solo es creíble un periodismo hecho directamente por periodistas.

Pensamos que las cloacas del Estado no nos afectan a todos, pero mire lo que le pasa a nuestro profesor del Instituto Cervantes en Tánger.

Me parece de una ingenuidad absoluta esa gente que dice que no le importa que le espíen los servicios secretos porque no ha hecho nada. No sea usted ingenuo, guardan información que en cualquier momento pueden utilizar en su contra. Si usted se presenta a unas elecciones, por ejemplo, las grandes empresas o los servicios secretos le van a sacar una foto o un vídeo que subió a Facebook completamente borracho. Usted creía que eso no iba a ninguna parte pero eso se guarda. Pero este profesor que está tranquilamente en Tánger dando clases, en un momento determinado acaba metido en un bulo por las cloacas del Estado español. No seamos ingenuos, el Gran Hermano nos vigila y guarda toda la información sobre nosotros para usarla cuando le convenga. Ya lo utiliza en lo publicitario, eso lo sabemos todos

¿Cuánto hay de Javier Valenzuela en estos personajes? ¿O en alguno en particular?

En todos. La gente tiene tendencia a pensar que el autor se identifica con el protagonista, pero no, todos los personajes son el autor. En este caso es una obra coral, además, con cuatro mujeres protagonistas que llevan la batuta en realidad. Dos marroquíes y dos españolas, cuatro mujeres muy echadas para adelante, que reivindican su libertad e independencia. Y yo me identifico con esas cuatro porque son las mujeres que hay en mí. Flaubert lo hizo con Madame Bovary y, al contrario, Patricia Highsmith lo hizo creando a Tom Ripley. Es decir, un hombre puede contar en una novela a la mujer que hay en él, y una mujer puede contar al hombre que hay en ella. Se trata, sencillamente, de bucear en ti.

Y nos vamos un poco incluso a la literatura de viajes paseando por Tánger, con esas descripciones de los lugares que ubican tan bien a los personajes en el espacio.

Claro. Para que entretenga, una novela tiene que ser un viaje. Para mí, Tánger no es un territorio literario arqueológico, sino una ciudad viva donde están pasando ahora muchísimas cosas. Así que hice un viaje por sus altos y bajos fondos, por su medina y su parte moderna. El turismo español en Tánger se ha revitalizado muchísimo en los últimos seis o siete años y la gente va allí buscando los escenarios de dos novelas: El tiempo entre costuras de María Dueñas y mi Tangerina. Es maravilloso este otro modo de la ficción actuando sobre la realidad.

La corrupción está también presente con la parte del Mundial de Qatar. Tiene otra buena novela negra todo eso.

Esta es la primera vez que confieso mi afición por el fútbol. Soy muy futbolero. Y, además, me pareció que era el momento de traer el fútbol a una novela negra porque la concesión del mundial de 2022 a Qatar es un caso de corrupción global espectacular. Está habiendo una mortandad increíble en la construcción de los estadios y las infraestructuras de la que no habla nadie en los grandes medios. Si no se aprovecha el Mundial de Qatar para hablar de fútbol y corrupción se desaprovechaba una oportunidad magnífica.

La realidad supera a la ficción hasta el punto de que la FIFA traslade el Mundial de Fútbol de verano a diciembre, que es ya lo nunca visto.

Totalmente, y para eso los qataríes han pagado sabrosas cantidades de dinero a muchas personalidades del fútbol y de la política mundial. Mordidas millonarias. Y todos lo sabemos.

No quiero que terminemos esta conversación sin mencionar a los Rolling Stones. Legendarias son sus escapadas hasta Marruecos, por supuesto, aquí también recogidas.

Bueno, es que es mi grupo musical favorito. Porque los Rolling Stones eran más satánicos y los Beatles más angelicales. Más allá de eso, están muy relacionados con Tánger porque, efectivamente, iban por allí a fumar marihuana y hacer experimentos con los músicos bereberes.

Para terminar, un compromiso. Porque igual está feo que lo diga el propio autor, pero me gustaría que animara a los lectores a leer La muerte tendrá que esperar.

Bueno, vamos allá (risas). Porque yo me inscribo en un género que llamo neopulp, que es literatura, novela popular, entretenida y sin pretensiones de trascendencia o gloria literaria. Esta es una novela perfecta para leer un fin de semana en la piscina, el campo o la playa. Cuesta más hacer una literatura clara y transparente como el agua de la sierra, que una literatura pedante y enrevesada. Escribir sencillo cuesta más que escribir enrevesado. Hemingway lo resumió muy bien: escribir novela es podar.

Esta entrevista en infoLibre

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad