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Moción de censura / Publicado en infoLibre

¿Moción de censura? Poco me parece. Si existiera en España, que no existe, lo que yo propondría sería un impeachment, un juicio para la destitución de Mariano Rajoy. ¿Cómo puede seguir gobernándonos un tipo que lidera un partido gangrenado por decenas de casos de corrupción, un partido considerado por varios jueces como una presunta organización criminal dedicada al saqueo de las arcas públicas en provecho propio o de amiguetes? ¿Cómo puede representarnos en la escena internacional un sujeto que envía mensajes de aliento a gente que va camino del juzgado y hasta la cárcel y no, precisamente, por delitos de opinión?


Rajoy, me consta, es un hombre agradable en la distancia corta, ¿y qué? Otros malvados de la historia nacional e internacional también eran simpáticos en privado, o adoraban a los perros y los niños, o mimaban a las viudas y los huérfanos de sus partidarios. La lección que deberíamos haber aprendido del Holocausto es la de
la banalidad del mal, el hecho de que el mal se encarna en gente que, por lo demás, es buen esposo y buen padre. La suprema habilidad del diablo estriba en presentar un rostro lo más angelical posible, en este caso, el de un señor que va contando chascarrillos de casino de provincias.


Rajoy y su PP personifican los males que pudren lo que va quedando de democracia en España: el uso de lo público para intereses privados, el ahondamiento de la desigualdad social y económica, el autoritarismo como respuesta a la protesta, la violación flagrante de la separación de poderes, la manipulación mediática. Monopolizan las instituciones del Estado con apenas el 33% de los votos. Desalojarlos de ahí debiera ser la tarea urgente de los representantes de los dos tercios del electorado restantes. Echarlos ya, quiero decir, sin esperar al término de la legislatura. Quizá luego podríamos abrir un auténtico proceso regenerador, reformista, constituyente, reconstituyente, llámele usted como quiera.


Ni tan siquiera han obtenido el poder a través de elecciones limpias. ¿Son legítimos gobiernos surgidos de comicios a los que han concurrido dopados económicamente, con mayores recursos que sus rivales, con dinero negro donado por empresarios golfos? Alguien que triunfara así en una competición deportiva y fuera descubierto a posteriori, perdería su medalla. ¿Por qué no ocurre lo mismo en nuestra política? ¿Por qué si obtienes el gobierno con trampas ya nadie puede arrebatártelo?

Aunque me parezca poco para la gravedad del caso, estoy a favor de la moción de censura a Rajoy presentada por Podemos. ¿Que no puede ganar? Bueno, tampoco triunfaron las que presentaron Felipe González (1980) y Hernández Mancha (1987), pero sirvieron, claro que sirvieron. Expresaron el hastío de los electorados de uno y otro político en aquellos precisos momentos y circunstancias. Hay ocasiones en las que los ciudadanos deseamos que nuestros representantes en el Parlamento digan basta, hasta aquí hemos llegado, no aguantamos ni un minuto más. Pueden ustedes llamarlo derecho al pataleo, no me ofende: el pataleo es lo mínimo ante el robo y la injusticia. Yo prefiero llamarlo imperativo ético, la obligación que tiene el ciudadano honrado de expresarse en voz alta para proclamar su discrepancia ante una tropelía. El no en mi nombre, no con mi silencio como aval.

Lo demás son tecnicismos politiqueros. Podemos ha dicho que retiraría su moción de censura si el PSOE presentara una propia. Adelante, pues. El PSOE tiene una oportunidad de oro para responderle a Podemos que de acuerdo, que va a presentar su propia moción. Incluso sería razonable que pidiera hacerlo dentro de unas semanas, una vez reorganizado tras su Congreso de junio. Supongo que son cosas de las que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias podrían hablar, y no hace falta que lo hagan a gritos y delante de una docena de cámaras de televisión.

Estoy hasta el moño de que los líderes del PSOE y Podemos parezcan verse obligados a actuar en público para mero contento de los elementos más sectarios de sus respectivas parroquias. Agradecería que, en privado, lejos de focos y micrófonos, Sánchez e Iglesias supieran encontrar los elementos que ahora pueden aliarles en el desalojo del PP. Lo penoso sería un nuevo día de la marmota, un regreso a ese 2016 del tú no me votaste y el tú hiciste imposible que te votara. Sabemos lo que pasó: 1.- Podemos cometió torpezas. 2.- A Sánchez le prohibieron su patrocinadores de entonces que pactara con Podemos.

La estupenda rebelión de la militancia del PSOE en las primarias del 21 de mayo ofrece una nueva oportunidad a la izquierda española. Ni los de Sánchez ni los de Iglesias, Alberto Garzón y Mónica Oltra van a poder desalojar al PP en solitario. La pluralidad del campo progresista está aquí para quedarse de momento, no hay otra vía para el cambio que la portuguesa. Calculo incluso que una moción de censura liderada por Sánchez, con el apoyo de Unidos Podemos y la abstención de terceros, estaría cerca del éxito matemático. Y, repito, aunque no lo consiguiera, habría dejado claro el mensaje de la mayoría social: estamos hartos de que nos roben.

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