LA MENTIRA EN EL GÉNERO NEGRO
Javier Valenzuela, elDiario.es, 6 de noviembre de 2025
Extractos:
«Hay mentirosos compulsivos y abundan en determinados ganapanes. Pienso en los estafadores profesionales, desde los trileros callejeros a los de cuello blanco como el padre de John Le Carré. Pienso en banqueros como Rodrigo Rato y políticos de derechas como Carlos Mazón. Ahora bien, lo que nunca había visto es a un tipo que se autodenomina periodista y confiesa sus embustes con desparpajo en el Tribunal Supremo.
«Es lo que hizo el pasado martes Miguel Ángel Rodríguez, conocido como MAR o también el Rasputín de Ayuso. Admitió que había presentado como hechos probados lo que no eran sino conjeturas personales. Y se quedó tan pancho. (…)
«Las mentiras son, después del crimen, el territorio del género negro. Dashiell Hammet habló de ellas en ‘El hombre delgado’. Retratando a un protagonista de esa novela, Hammett escribió: “La mayor parte de las personas se desaniman cuando las han cogido en tres o cuatro mentiras descaradas y acaban por decir la verdad o por callarse. Mimi, no. Ella sigue ensartando embustes, y hay que andarse con ojo, porque uno puede llegar a creerla, no porque parezca que al fin está diciendo la verdad, sino sencillamente porque uno se cansa de no creerla”.
«Sabe el mentiroso que, en contra de lo que afirma el refranero español, las mentiras pueden tener las patas muy largas. Muchos se las siguen creyendo durante mucho tiempo a fuerza de escucharlas repetidamente o porque se ajustan a sus estereotipos. (…)

«Hammett lo señala en el párrafo que acabo de citar:: la gente honrada se cansa de no creer a los mentirosos compulsivos. Fatiga mucho emitir y hasta escuchar desmentidos. (…)
«Rodríguez declaró ser periodista y no lo es. Los periodistas publicamos hechos que hemos verificado con nuestros ojos, con documentos autentificados, con testimonios fiables. En ocasiones, también expresamos nuestras opiniones, faltaría más. Pero, ojo, cuando lo hacemos, advertimos de que son opiniones. (…)
“La verdad”, afirma la señora Grassiela, uno de los personajes de ‘Tres enigmas para la Organización’, la última novela de Eduardo Mendoza, “no tiene doblez: dice lo que quiere decir y ya está”.